Por Daniel Cosser
El torero toledano dejó los momentos de mayor calidad de la tarde, aunque la espada le privó de un triunfo importante en su presentación en Lima. David de Miranda destacó por su entrega y capacidad de sobreponerse a una aparatosa cogida, mientras que Fernando Adrián se encontró con un lote de escasas posibilidades.
La histórica plaza de toros de Acho, en Lima (Perú), acogió este sábado una nueva cita de la Feria del Señor de los Milagros 2026, en una tarde marcada por la importante actuación de Tomás Rufo, la firmeza y el valor de David de Miranda y la disposición de Fernando Adrián ante un encierro de El Capea y Carmen Lorenzo que ofreció un juego desigual.
El mayor contenido artístico llegó de la mano del torero de Pepino, que estuvo cerca de abrir la puerta del triunfo en su debut en el coso limeño. Por su parte, David de Miranda protagonizó uno de los momentos más comprometidos del festejo al sufrir una fuerte voltereta frente al quinto, un percance que no le impidió continuar en la cara del animal.
Tomás Rufo firma lo más destacado de la corrida, pero falla con los aceros
Tomás Rufo dejó una actuación de peso frente al tercero de la tarde, un ejemplar de El Capea que inicialmente mostró una condición distraída, saliendo suelto y sin terminar de fijarse en los engaños. Su comportamiento durante los primeros tercios provocó cierta división de opiniones en los tendidos, aunque el desarrollo de la faena terminó cambiando por completo el rumbo de la lidia.
El torero toledano supo encontrar las virtudes del animal y construir una labor de notable dimensión. Con temple, ligazón y profundidad, Rufo fue dando forma a una faena que alcanzó sus mejores momentos cuando tomó la muleta con la mano izquierda, dejando naturales de gran expresión y recorrido.
La intensidad fue creciendo a medida que el toro respondió a las exigencias del diestro, hasta situar la actuación en terrenos de triunfo. Sin embargo, el desacierto con la espada y la posterior utilización del descabello terminaron por diluir las opciones de premio. El toro fue ovacionado en el arrastre y Rufo escuchó silencio.
Con el sexto, también de El Capea, volvió a mostrar su capacidad para imponerse a las dificultades. El animal careció de continuidad y presentó embestidas desiguales, obligando al espada a recurrir a una lidia de mando y firmeza. Los pasajes más estimables llegaron nuevamente al natural, aunque la falta de ritmo del astado impidió que la faena alcanzara mayor vuelo. Tras una estocada baja al segundo intento, fue silenciado.
David de Miranda, entrega sin reservas ante el peligro
David de Miranda volvió a reivindicar su concepto de entrega y exposición en una tarde en la que tampoco encontró recompensa en el palco.
Su primera actuación, frente al segundo de El Capea, tuvo momentos de interés desde el comienzo. El onubense abrió la faena con muletazos genuflexos y aprovechó posteriormente la movilidad del animal para desarrollar una labor de intensidad y ligazón.
Destacaron las tandas sobre la mano derecha y varios naturales de trazo largo y templado. Remató su actuación con manoletinas y, aunque acertó con la espada en el primer intento, los problemas con el descabello terminaron por dejar el resultado en palmas.
Más comprometida resultó su intervención ante el quinto, un toro que ya había mostrado signos de mansedumbre y que desarrolló una condición complicada, con más peligro que posibilidades de lucimiento.
De Miranda comenzó de rodillas, ejecutando pases por alto a dos manos y viviendo un primer momento de apuro. Posteriormente, cuando toreaba sobre el pitón derecho, el toro lo prendió por la pierna derecha, lo derribó y lo pisoteó mientras permanecía en el suelo.
Pese a los evidentes gestos de dolor, el diestro de Trigueros decidió continuar la lidia. Volvió a colocarse frente al animal y mantuvo una actitud de máxima disposición, exponiendo ante unas embestidas que apenas ofrecían opciones para desarrollar una faena de mayor contenido artístico.
Terminó con una estocada y, una vez muerto el toro, se dirigió a la enfermería para ser atendido tras el percance. Su actuación fue silenciada.
Fernando Adrián, firmeza ante un lote sin transmisión
La tarde comenzó con Fernando Adrián, que recibió al primero de Carmen Lorenzo con un estimable saludo a la verónica. El toro mostró nobleza y algunos detalles de calidad, aunque su escasa fortaleza condicionó el desarrollo de la lidia.
El madrileño administró el castigo durante el tercio de varas con la intención de conservar las fuerzas del animal. Ya con la muleta, comenzó de rodillas y consiguió conectar inicialmente con los tendidos, pero la falta de empuje y transmisión del astado terminó restando continuidad a su labor.
Los mejores muletazos llegaron por el pitón derecho. Tras una estocada trasera, escuchó silencio.
Tampoco encontró mayores facilidades con el cuarto, otro ejemplar de Carmen Lorenzo que acusó una marcada falta de clase y transmisión. Adrián trató de mantener el interés de la faena a base de insistencia y disposición, dejando algunos muletazos estimables sobre la diestra.
La condición del toro provocó el descontento de parte del público y dificultó que la actuación adquiriera mayor intensidad. Lejos de desistir, el diestro de Torres de la Alameda acortó distancias en los compases finales, asumiendo riesgos en un arrimón que evidenció su voluntad de triunfo.
Un pinchazo, una estocada y el posterior uso del descabello pusieron fin a una labor que también fue silenciada.
La corrida dejó así una faena de importante contenido artístico de Tomás Rufo, el valor de David de Miranda y la actitud de Fernando Adrián, tres argumentos que sobresalieron por encima de las limitaciones de un encierro que no terminó de ofrecer el juego esperado.
Ficha del festejo
Plaza de toros: Acho, Lima (Perú).
Festejo: Tercera cita de la Feria del Señor de los Milagros 2026.
Entrada: Alrededor de tres cuartos de plaza.
Ganadería: Toros de El Capea y Carmen Lorenzo (primero y cuarto), desiguales de presentación y comportamiento. En conjunto, ofrecieron un juego manejable, aunque con escasa transmisión y falta de ritmo. Destacó el tercero, ovacionado en el arrastre.
Fernando Adrián: Silencio y silencio.
David de Miranda: Palmas y silencio.
Tomás Rufo: Silencio y silencio.
Incidencias: Al término del paseíllo, los tres matadores saludaron una ovación desde el tercio, que compartieron con Pedro Gutiérrez Moya, ‘El Niño de la Capea’. David de Miranda pasó a la enfermería después de estoquear al quinto, tras sufrir una aparatosa voltereta durante la faena de muleta.









