La lluvia amenazó durante toda la mañana, pero Valencia acabó encontrando el respiro necesario para celebrar la novillada en honor a la Virgen de los Desamparados. Bajo un cielo todavía encapotado y con el albero pesado, Ignacio Garibay convirtió su debut en el coso de la calle Xàtiva en una tarde soñada. El mexicano mostró personalidad, firmeza y una clara concepción del toreo para abrir la Puerta Grande tras cortar una oreja a cada uno de sus novillos.
El triunfo de Garibay se cimentó sobre todo en su capacidad para entender los tiempos de sus enemigos. El tercero, un utrero de salida incierta y comportamiento desordenado durante la lidia, parecía destinado a complicar cualquier aspiración de lucimiento. Sin embargo, el novillero mexicano encontró la tecla en el último tercio. A base de quietud y valor, logró someter una embestida cambiante y terminó construyendo una faena de menos a más que alcanzó sus mejores momentos al natural. La cercanía en el tramo final terminó por conectar con los tendidos antes de dejar una estocada de efecto suficiente. La petición fue atendida y paseó la primera oreja de la tarde.
Con el ambiente ya de triunfo, Garibay afrontó el sexto con la determinación de quien sabe que tiene la Puerta Grande al alcance. El novillo de Chamaco ofreció más clase y transmisión, circunstancia que el mexicano aprovechó para mostrar una versión más asentada y expresiva. Hubo ligazón, exposición y momentos de buen gusto en una labor entregada de principio a fin. La segunda oreja certificó un debut rotundo y una salida en hombros que difícilmente olvidará.
También dejó una actuación importante Félix San Román, especialmente frente al quinto, el ejemplar más completo del encierro. El novillero apostó por el temple y la continuidad en las primeras series, creciendo posteriormente en ajuste y compromiso. La faena tomó vuelo por momentos, aunque el uso de la espada —con una estocada defectuosa— redujo el premio a una vuelta al ruedo de peso.
Menos opciones tuvo en el sobrero que sustituyó al segundo titular. El animal, serio y con presencia, salió con viveza pero acusó pronto su condición mansa. San Román intentó provocar las embestidas y mantener vivo el interés de la faena incluso yéndose a los medios y a terrenos comprometidos, aunque la falta de entrega del utrero terminó diluyendo cualquier posibilidad de trofeo. Escuchó una ovación tras despachar al astado.
Alberto Donaire volvió a evidenciar concepto y buenas maneras, aunque se topó con el lote menos colaborador de la tarde. El primero apenas tuvo fuerza ni fondo, impidiendo que la limpieza y corrección del torero encontraran eco suficiente. Aun así, dejó detalles de oficio y pulcritud que fueron reconocidos por el público.
Sí pudo alcanzar mayor repercusión con el cuarto, al que recibió con un notable ramillete de verónicas que despertó a los tendidos. Donaire inició la faena con buen aire, pulseando con suavidad las primeras embestidas del utrero de Chamaco, pero el animal se apagó demasiado pronto. La faena perdió continuidad y el desacierto con los aceros terminó enfriando el ambiente.
FICHA DEL FESTEJO
Plaza de toros de Valencia – Novillada con picadores como motivo de la festividad de la Virgen de los Desamparados 2026. Un tercio de entrada. Novillos de Chamaco (2º bis), bien presentados en líneas generales y de juego variado, destacando la clase y el ritmo del quinto de la tarde. Bueno también en el último tercio el tercero. Venido a menos el cuarto. Falto de poder el primero. Manso el segundo que hizo de sobrero.
• ALBERTO DONAIRE, ovación y silencio
• FÉLIX SAN ROMÁN, ovación y vuelta al ruedo
• IGNACIO GARIBAY, oreja y oreja










