La plaza de toros de Valencia colgó este viernes, 9 de octubre, el cartel de «No hay billetes» para una de las grandes citas del tramo final de la temporada. La corrida celebrada con motivo del Día de la Comunidad Valenciana reunió a Morante de la Puebla, Roca Rey y Tomás Rufo, que se enfrentaron a un encierro de Álvaro Núñez de comportamiento desigual.
Roca Rey fue el triunfador numérico del festejo al cortar dos orejas, una de cada toro, y abandonar el coso a hombros. El peruano volvió a demostrar su capacidad para imponerse a las dificultades de sus oponentes, mientras que Tomás Rufo logró una oreja de mérito del tercero. Morante, por su parte, firmó pasajes de notable expresión artística, especialmente con el capote y al natural.
Abrió plaza un toro de Álvaro Núñez bien presentado, con calidad en sus embestidas, aunque de recorrido limitado conforme avanzó la lidia. Morante de la Puebla lo recibió con un ramillete de verónicas de gran expresión, marcando desde el comienzo el tono artístico de su actuación.
Tras el paso por el caballo, Roca Rey protagonizó un quite por chicuelinas y tafalleras. Morante brindó la faena a Luis de la Fuente y comenzó su labor con ayudados por alto.
El sevillano encontró las mejores posibilidades por el pitón derecho, por donde dejó muletazos de buen trazo y personalidad. Intercaló molinetes y pases por alto antes de cerrar con una tanda diestra de especial sabor. No estuvo acertado a la primera con la espada y terminó siendo ovacionado tras una petición de oreja que no fue atendida.
El segundo permitió a Roca Rey mostrar su concepto de poder y dominio. El peruano lo saludó a la verónica con temple, alternando los lances a pies juntos con otros de mayor amplitud.
Tomás Rufo intervino en un ajustado quite por tafalleras y, posteriormente, Roca Rey brindó su actuación al público.
El toro ofreció clase y humillación, aunque sus fuerzas fueron disminuyendo. El diestro aprovechó sus mejores embestidas para construir una faena de profundidad por ambos pitones, con mayor continuidad sobre la mano derecha.
En el tramo final, Roca Rey acortó las distancias y protagonizó una serie de muletazos y circulares que elevaron la intensidad de su actuación. Una estocada entera le permitió cortar una oreja, con petición de la segunda.
Durante la faena, la presencia de un helicóptero policial sobre las inmediaciones de la plaza provocó muestras de malestar entre el público y el propio torero.
Tomás Rufo tuvo que emplearse a fondo ante el tercero, un animal que evidenció falta de poder y tendencia a buscar las tablas.
El toledano comenzó la faena de rodillas en el tercio, logrando una primera serie de buena conexión con los tendidos. Sin embargo, el toro terminó mostrando su querencia, obligando al matador a trasladar la labor a esos terrenos.
Lejos de renunciar a la faena, Rufo consiguió extraer los mejores muletazos por el pitón izquierdo, especialmente en dos tandas al natural de profundidad y buen trazo.
Cerró su actuación con manoletinas y una estocada en lo alto que le valió una oreja, con petición de la segunda.
El cuarto permitió contemplar algunos de los momentos más toreros de la tarde. Morante dibujó un recibo capotero de gran belleza, combinando faroles, verónicas y una larga cordobesa.
También dejó chicuelinas al paso de notable expresión, mientras que Roca Rey intervino posteriormente con un quite por saltilleras.
En la muleta, el toro fue perdiendo rápidamente sus posibilidades. Aun así, Morante consiguió una extraordinaria serie de naturales, en la que volvió a mostrar la dimensión artística de su concepto.
La falta de recorrido del animal impidió que la faena adquiriera mayor continuidad. El sevillano abrevió y, tras fallar con los aceros, escuchó una nueva ovación.
El quinto de Álvaro Núñez tampoco ofreció facilidades. Desde los primeros tercios mostró escasa disposición a seguir los engaños y una acusada tendencia a buscar terrenos próximos a las tablas.
Roca Rey decidió plantear la faena en la querencia, donde consiguió sujetar al toro mediante una muleta firme y siempre colocada en la cara del animal.
El peruano construyó tres series por el pitón derecho de gran autoridad, llevando la mano baja y evitando que el toro se marchara de los muletazos.
La faena tuvo especial mérito por la dificultad de mantener al animal embebido en la tela. En el cierre, Roca Rey volvió a reducir las distancias con unas ajustadas bernadinas.
Una estocada en lo alto terminó de asegurar la segunda oreja de su tarde y la salida a hombros por la Puerta Grande de Valencia.
Cerró plaza un toro de hechuras menos armónicas, alto y montado, que desde el recibo capotero mostró dificultades para desplazarse con entrega.
Tomás Rufo trató de conducir sus embestidas a la verónica, pese a que el animal tendía a echar las manos por delante.
En la muleta, el sexto confirmó su falta de clase y recorrido. No descolgó ni terminó de entregarse en ningún momento, impidiendo que la labor del toledano encontrara continuidad.
Rufo insistió con firmeza, aunque sin obtener respuesta de su oponente. Tras un pinchazo y una estocada, fue silenciado.
La corrida concluyó así con Roca Rey como gran triunfador, Tomás Rufo sumando una oreja y Morante de la Puebla dejando algunos de los pasajes más artísticos de una tarde condicionada por el desigual comportamiento del encierro.
Ficha del festejo
Plaza de toros de Valencia. Viernes, 9 de octubre de 2026. Corrida de toros con motivo de las Fiestas de la Comunidad Valenciana. Lleno de «No hay billetes».
Toros de Álvaro Núñez, de presentación variada y juego desigual. El primero tuvo calidad, aunque fue a menos; el segundo mostró clase y humillación, pero escasa duración; el tercero resultó manso, aunque permitió el lucimiento por el izquierdo; el cuarto se apagó pronto; el quinto acusó mansedumbre y falta de celo; y el sexto fue deslucido.
Morante de la Puebla, de grana y oro: ovación tras petición y ovación.
Roca Rey, de azul rey y oro: oreja con petición de la segunda y oreja tras aviso.
Tomás Rufo, de grana y oro: oreja con petición de la segunda y silencio.










