La plaza de toros de Las Ventas vivió este domingo una de las tardes más intensas de la Feria de Otoño 2026. Antonio Ferrera y Román protagonizaron un mano a mano de máxima exigencia frente a una corrida de Adolfo Martín, en la que ambos lograron cortar dos orejas y salir a hombros por la Puerta Grande de Madrid. El festejo, celebrado con el cartel de «No hay billetes» colgado en las taquillas, estuvo marcado por la emoción, el compromiso de los toreros y el comportamiento encastado de varios ejemplares del hierro extremeño.
Ferrera impuso su experiencia, inteligencia y dominio de los terrenos, mientras que Román volvió a demostrar su valor y entrega, especialmente ante el complicado cuarto, que llegó a prenderle de manera aparatosa. Dos conceptos diferentes que encontraron el reconocimiento de una plaza entregada a lo largo de una tarde de gran contenido.
Ferrera, por encima de las dificultades del primero
Abrió plaza «Arenero», un toro de Adolfo Martín de imponente arboladura, pero escaso recorrido y poder. Antonio Ferrera trató de estirarse a la verónica, aunque el animal pronto mostró su tendencia a quedarse corto.
Tras un buen tercio de banderillas protagonizado por Iván García y Pascual Mellinas, que saludaron desmonterados, el extremeño inició una labor de muleta condicionada por las dificultades del astado.
Ferrera intentó alargar las embestidas, ganando terreno y buscando la inercia de un toro que apenas completaba los muletazos. La falta de fuerza y las complicaciones del animal impidieron que la faena alcanzara mayor dimensión. Tras fallar con la espada en el primer intento, dejó una estocada baja. Silencio.
Román se gana Madrid con una faena de máxima exposición
El segundo, también de nombre «Aviador», ofreció mayores posibilidades, aunque exigió una precisión absoluta en cada embroque. Fue un toro encastado, con emoción por el pitón derecho, pero que tendía a meterse por dentro cuando Román intentaba ligar los muletazos.
El valenciano construyó una faena de enorme sinceridad, asumiendo riesgos constantes y manteniéndose firme ante las dificultades del animal. Hubo momentos de gran intensidad sobre la mano derecha, con el toro humillando en los primeros muletazos, aunque sin permitir el menor descuido.
Por el pitón izquierdo aumentaron las complicaciones, pero Román mantuvo su disposición y consiguió conectar con los tendidos. Una estocada trasera puso fin a una actuación que generó petición de oreja, insuficiente para que el presidente concediera el trofeo. El valenciano dio una vuelta al ruedo.
La maestría de Ferrera encuentra premio en el tercero
Con el tercero, otro «Aviador», Antonio Ferrera firmó una de las actuaciones de mayor contenido técnico de la corrida. El toro mostró desde los primeros tercios una marcada querencia hacia toriles, además de una embestida corta y falta de continuidad.
El extremeño supo interpretar sus condiciones y, lejos de forzar las embestidas, fue construyendo una labor basada en el temple, la colocación y el conocimiento de los terrenos.
La faena adquirió especial profundidad al natural, cuando Ferrera consiguió alargar los viajes del animal mediante un preciso manejo de la muleta y un constante juego de piernas. El torero terminó desprendiéndose de la ayuda para interpretar muletazos al natural con ambas manos, en una demostración de recursos y capacidad lidiadora.
Cerró su actuación con una estocada casi entera, ejecutada después de conceder distancia al toro. Cortó una oreja tras aviso, la primera de su tarde.
Román desafía al peligro y corta una oreja al cuarto
El cuarto, «Sevillano», fue uno de los toros de mayor seriedad del encierro. Un ejemplar de exigente comportamiento que, pese a humillar en determinados momentos, desarrolló una acusada tendencia a meterse por dentro, dificultando enormemente la labor del torero.
Román planteó una faena de absoluta entrega, buscando siempre la colocación adecuada para intentar conducir las embestidas. Sin embargo, el toro le prendió violentamente cuando trataba de ligar un muletazo por el pitón derecho, levantándolo del suelo en varias ocasiones.
Lejos de renunciar, el valenciano regresó a la cara del animal y continuó una actuación marcada por el valor y la determinación. Los últimos muletazos sobre la mano derecha, ejecutados de uno en uno y buscando el pitón contrario, tuvieron un mérito extraordinario.
Una estocada casi entera, tras un aviso que interrumpió la preparación de la suerte suprema, acabó con el toro. La plaza reconoció su entrega con una oreja, que dejaba al valenciano a un solo trofeo de la Puerta Grande.
Ferrera desata la emoción con un exigente quinto
El quinto, «Chaparrito», permitió contemplar la versión más rotunda de Antonio Ferrera. Fue un toro duro, exigente y de notable transmisión, que obligó al extremeño a emplear todos sus conocimientos para ordenar unas embestidas nada sencillas.
El animal tomó tres puyazos y protagonizó un tercio de banderillas en el que Ángel Otero destacó con dos extraordinarios pares, obligando al público a ponerse en pie. También sobresalió Iván García en las labores de lidia.
Con la muleta, Ferrera volvió a ofrecer una auténtica lección de conocimiento de los terrenos. Supo administrar las distancias, conducir las embestidas hacia el pitón contrario y encontrar el ritmo adecuado para dar continuidad a una faena de enorme intensidad.
El toreo al natural alcanzó los momentos de mayor profundidad, especialmente cuando el extremeño prescindió de la ayuda y comenzó a interpretar muletazos con ambas manos. La emoción fue creciendo hasta alcanzar su punto culminante en una última serie por el pitón izquierdo, de gran exigencia y con la mano baja.
Ferrera remató su actuación con una estocada que desató la petición de trofeos. Cortó una oreja con petición de la segunda, suficiente para asegurar su salida a hombros. El toro fue ovacionado en el arrastre.
Román culmina su triunfo con el buen sexto
Cerró plaza «Revoltoso», un toro bravo y de buen juego que permitió a Román desarrollar una faena de mayor expresión artística. El animal mostró humillación, transmisión y recorrido, respondiendo a los planteamientos del valenciano.
Después de un buen tercio de varas de Santiago Morales «Chocolate» y una destacada actuación con los palos de Raúl Martí y Fernando Sánchez, Román brindó su labor al público.
Desde los primeros compases, el torero buscó llevar muy toreado al animal, bajando la mano y aprovechando su disposición para embestir. La faena fue creciendo conforme encontró la distancia y el ritmo adecuados.
Los mejores momentos llegaron al natural, con muletazos de mayor profundidad y temple, aunque también hubo pasajes de interés sobre la mano derecha, ligando las embestidas con la muleta colocada en el sitio.
Román cerró su actuación con muletazos por bajo y una estocada. Tras un aviso y un golpe de descabello, paseó la oreja que le abría definitivamente la Puerta Grande de Las Ventas.
La tarde concluyó con Antonio Ferrera y Román saliendo a hombros, después de un mano a mano que combinó la dificultad de la lidia, la emoción del toro encastado y el reconocimiento de Madrid a dos toreros que se entregaron sin reservas.
Ficha del festejo
Plaza de toros: Las Ventas, Madrid.
Festejo: Corrida de toros. Mano a mano. Penúltimo festejo de la Feria de Otoño 2026.
Entrada: Lleno de «No hay billetes».
Ganadería: Se lidiaron seis toros de Adolfo Martín, de distinto comportamiento, varios de ellos exigentes y encastados. Destacó el buen juego del sexto, mientras que el quinto fue ovacionado en el arrastre.
Antonio Ferrera: Silencio, oreja tras aviso y oreja con petición de la segunda.
Román: Vuelta al ruedo tras petición, oreja y oreja.
Incidencias: Al finalizar el paseíllo, Antonio Ferrera y Román saludaron una ovación desde el tercio. Iván García y Pascual Mellinas se desmonteraron tras banderillear al primero. Ángel Otero hizo lo propio en el quinto. Ambos matadores salieron a hombros por la Puerta Grande.










