¿Cuándo y cómo nació tu pasión por el toreo?
Mi pasión por el toro nació en mi casa, nací en una familia en la que mi padre era un gran aficionado. Mi tío Luis, un hermano de mi padre quiso ser torero y después fue banderillero, y todos los amigos de mi padre y todo el ambiente que viví de niño era el mundo del toro y estar con gente del toro, con toreros en el Madrid de los años ochenta que es ahí donde se fue fraguando mi afición.
¿Quiénes fueron tus principales influencias o maestros a lo largo de tu carrera?
Mi principal influencia desde luego fue mi padre, era uno de los mejores aficionados que he conocido en mi vida. Y luego también, una banderillero de Madrid que era Francisco Membrilla Blázquez «Pacorro» que fue con los maestros Ordoñez, Manolo Vázquez, Antoñete y Ángel Teruel, fue el que me enseñó a torear y el que me inculcó el sentido del toreo que tengo hoy en día.
Obviamente, también todos los profesores de la escuela taurina. Empezando por el maestro Gregorio Sánchez, que fue fundamental para mi carrera, fue el valedor que tuve fundamental en la escuela taurina. El maestro «Tinín» que fue mi maestro, el grupo de «Tinín», Juan Antonio Alcoba «Macareno», Bernadó, Serranito todos me aportaron muchísimo.

¿Cuál ha sido el mejor momento de tu carrera y por qué?
He tenido muchos buenos momentos gracias a Dios, en estos treinta años de alternativa y otros tres de novillero. De novillero hubo momentos buenísimos, fui triunfador de San Isidro, gané el Zapato de Oro; luego como no la alternativa en Madrid, que es el sueño de todos los toreros. La primera salida a hombros con una corrida de Victorino, a los dos años de tomar la alternativa, en el año 1998. La salida a hombros en Madrid otr vez, con la corrida de toros con distintas ganaderías, en el año 2004 en el día del 2 de Mayo.
Muchas faenas, en muchos sitios, he tenido la suerte de torear en España, América y Francia, en casi el noventa por ciento de las plazas, he tenido mucha suerte en el toreo.
La corrida tal vez más importante fue la reaparición en Madrid, en el 2 de Mayo de 2022. Llevaba seis años sin torear en Madrid, ya que era una incógnita. La incógnita no era el si yo estaba preparado o no, era el cómo me iba a recibir el público y si esa tarde iba a tener la suerte de que me embistiera un toro, era un todo o nada. Quizá es la tarde más importante mi carrera, por lo que significó, porque era como un renacer en mi carrera.
Esta última etapa, desde el 2022 hasta la actualidad está siendo una etapa muy bonita de mi carrera.
¿Qué se siente al salir a hombros de Las Ventas?
Es lo más grande que hay, lo que buscamos todos los toreros. Es tan difícil, pero a la vez tan fácil. Uno cuando la está atravesando, parece que está en un sueño, pero es realidad y pasa muy rápido, pero es algo que se queda para toda la vida y además es lo que más buscamos todos los toreros.
En esta etapa de mi carrera me gustaría volverla abrir, si no la consigo abrir por su dificultad o porque Dios no quiere que la abra, pero por lo menos dejar cosas en mi toreo en la afición, que sirvan tanto o más como abrir la puerta grande.
¿Qué torero o toreros admiras más, si tienes alguno en particular?
Los toreros que he admirado más, han sido siempre los toreros clásicos o incluso toreros que no he visto.
Mi padre que era muy buen aficionado, me contaba toreros que había visto en su niñez o en su juventud, que lógicamente yo no había visto. Me los explicaba tan bien que los idealizaba. Entre ellos están Manolete, desde luego, Pepín Martín Vázquez. Luego hay toreros que en Madrid no he visto, pero que también los tengo muy idealizados como los maestros Manolo Escudero, Luis Segura, Alfonso Merino, Luis alfonso garcés, torero madrileños que por circunstancias no he podido ver, pero que tengo muy metido en la cabeza como era su forma de torear y cuál era su concepto.
De los que he visto, hay cuatro que me han marcado. El maestro, Ángel Teruel, que ha sido mi amigo y mi maestro. El maestro Manzanares, que también fue mi amigo y mi maestro. El maestro Antoñete, el torero de todos los toreros, en especial de aquí de Madrid en especial. Y por último, Curro Vázquez, que también es mi amigo y le admiro profundamente. Eso son los cuatro que también han marcado mi carrera.

Según tu opinión, ¿cuál es el don más importante que debe de tener un torero y por qué?
Un torero debe de tener muchas cualidades. Lo principal que debe de tener un torero es la vocación y la afición. La vocación te hace sacrificar todo por un sueño. Entonces por encima de la condiciones que pueda tener un torero, que creo que yo las tengo, no todas lógicamente.
Lo fundamental que yo considero que tengo son esas dos. Sin la vocación y la afición no habría llegado nunca a esta etapa de mi carrera.
Eso es por lo que un torero se rebusca y se prepara y vive en torero, porque siente ese compromiso con la profesión y tiene esa necesidad vital de vivir en torero y creo que es fundamental por encima de cualquier otra condición.
¿Qué significa para ti la pureza en el toreo?
La pureza en el toreo para mí, independientemente de que la pureza radica en hacer las cosas como dictan los cánones: dándole el pecho, torear con la panza de la muleta, torear con la pierna adelantada, con la cintura, lo más natural posible. Yo creo que eso son cánones rígidos, que están bien y que son importantes de respetar.
Lo más importante de la pureza en el toreo es ser fiel a tu concepto, ser fiel a lo que tu sientes. De nada sirve que torees con arreglo a los cánones sino sientes lo que haces, eso es lo más importante, es ser fiel a ti mismo, no engañarte y así no engañar a los demás, eso se transmite.
¿Cómo logras mantenerte auténtico en cada corrida después de tantos años de experiencia?
Precisamente siendo puro, siendo honesto con mi concepto y mi forma de torear, que es lo que me muevo y lo que me gusta. Yo toreo porque me gusta e intento hacer el toreo que a mi me gusta como aficionado. Siempre es una búsqueda constante, en esa búsqueda siempre está la autoexigencia, que es la de la excelencia que es que las cosas salgan con mayor fluidez y naturalidad cada vez. Alguna vez lo consigo, otras veces no.
En esa búsqueda consigo que la gente se mantenga ilusionada y yo también a la vez por la corrida siguiente. Procuro no conformarme con la última, no en el sentido de orejas sino en el sentido artístico. Que en cada corrida surgen cosas especiales y que queden en el recuerdo de la gente. En esa búsqueda siempre intento mantener la expectativa.
¿Cómo has vivido esta temporada?
Ha sido una temporada corta en cuanto corridas, pero muy intensa en cuanto a que cada corrida ha sido un acontecimiento para mí y creo que para los aficionados también.
Las dos corridas de Madrid, la de Cuenca con un toro de Baltasar que creo que basten bien, Valladolid con los dos toros de Victorino, pero con uno en especial que también lo toree muy bien. La corrida de Moraleja, una corrida complicada, pero que también salí a hombros. Han tenido un todas un contenido bonito y especial.
¿Cómo definirías tu concepto personal del toreo?
Es un concepto que es personal, procuro no parecerme a nadie aunque obviamente estoy inspirado en los toreros que he mamado y me han gustado, sin imitar pero sí los tengo en la cabeza y procuro rebuscarme por dentro para que inconscientemente todo lo que he visto y todo lo que me ha aportado el toro, y me ha hecho sentir otros toreros y las vivencias que he vivido, me salgan toreando.
Esa es la verdadera solera de un torero, cuando inconscientemente sin tener que pensarlo, todas sus vivencias le salen delante del toro y le sale esa esencia de torero que recuerda pero no se parece.

¿Qué estado de ánimo o sentimiento se necesita para realizar una faena como la del 18/05/2025 frente a un toro de La Quinta en Madrid?
Estar concentrado es importante para todos los toros, no solo para ese toro de La Quinta. En Madrid tienes un toro limitado para cuajar un toro, ya lo dijo Antoñete «pronto y en la mano». El toreo no son muchos pases, sino la calidad y el contenido y el sentido que le des a esos pases.
Creo que en esa faena tuve la suficiente claridad y la iluminación que me dio Dios para entender ese toro en quince o veinte pases que le pegué, que fue los que tuvo el toro por otra parte. Y aprovechar, rápidamente las condiciones del animal con esos pocos o muchos muletazos construir una obra que emocionara.
Para ti, ¿es importante vestirse bien para torear?
Si, claro. Mi padre me inculcó desde niño que no solo es serlo, sino que también hay que parecerlo.
No es lo más importante desde luego, porque «el hábito no hace al monje», pero si el torero es un artista, que está de cara al público y obviamente lo primero que se ve cuando sale un hombre a la plaza es su imagen, y creo que la imagen dice mucho de las personas.
El ir bien vestido de torero hace mucho, no solo en la imagen visual que creas, sino también en el cómo te sientes tú a la hora de ir bien vestido también, creo que es importante.
¿Tienes alguna anécdota memorable en una plaza que nunca olvidarás?
Tengo muchas anécdotas en tantos años, sin caballos, en la época de novillero.
Recuerdo por ejemplo aquí en Las Matas, antes de hacer el paseíllo. En los momentos previos se escapó un torero, que justo era el mío, dió toda la vuelta al callejón y se paró frente al patio de cuadrillas, en el cual en ese momento nos estábamos liando el capote de paseo.
Gracias a Dios no le dió al novillero por entrar, siguió su camino y se encerró el novillo otra vez. Luego lo lidié yo, fue bueno y le corte las orejas. Esa es una anécdota curiosa.
Fuera de los ruedos, ¿cuáles son tus pasiones o actividades favoritas?
A mi me encanta el flamenco. Me gusta mucho el arte, me gusta la música pero en especial el flamenco. El flamenco en todo, la guitarra, el baile y el cante, soy muy aficionado. Es creo la música que más me emociona, que más me llena.
También me gusta la música clásica, la pintura también, la poesía, me gusta el arte en todas sus impresiones. El arte clásico que digamos, no el arte «raro» este que no hay quien lo entienda. Necesito un arte que yo entienda, que lo vea y que lo comprenda, no que me lo tengan que explicar, pero vamos fundamentalmente el arte.
Eres un torero de emoción más que de exhibición. ¿Es difícil mantenerse fiel a este camino en un mundo que a menudo busca lo espectacular?
Lo espectaculo o lo no espectacular depende de quien lo ve. Para algunos mi toreo no es lo suficientemente espectacular , en el momento quizá. Y para otros, a lo mejor es lo más espectacular del mundo porque se acuerdan de cosas mçias para toda su vida.
La espectacularidad en el toreo va más allá de lo que se haga en ese momento, es lo que trasciende en el tiempo. Después de una obra, una faena, la gente la recuerde y que deje huella por encima de las orejas, que a lo mejor es lo que algunos dicen la espectacularidad y la explosión. Yo creo que la mayor explosión de un torero es el dejar huella cuando han pasado los años.
Para mí, no es difícil, me sale de manera natural. No busco la espectacularidad, busco las emociones. Entonces el mantenerme fiel a ese camino es algo natural en mí, obviamente tengo que tener un compromiso y una responsabilidad, que es la de no salirme, pero no me resulta difícil porque es lo que siento y tengo interiorizado.









