Abrió la tarde Borja Jiménez recibiendo al toro con unos capotazos de buen trazo, con los pies asentados y mandando desde el primer momento. Sin brusquedades, llevándolo templado, galleó por chicuelinas para conducirlo al caballo.
En el peto recibió un puyazo en lo alto, bien señalado. Rufo tomó el relevo en el quite, también por chicuelinas, perdiendo el capote en el mismo.
Borja brindó al público y bastaron dos trincherazos de cartel para que la gente entrara definitivamente en la faena. Ahí comenzó a construir una labor inteligente y medida, yendo pronto a la izquierda para aprovechar la nobleza y la profundidad que ofrecía el toro por ese pitón. esariamente. Tres cuartos de estocada en lo alto bastaron para reventar al animal y asegurar el triunfo. Cayó la oreja, con fuerte petición de la segunda. Palmas al toro de El Capea.
El segundo de Carmen Lorenzo marcó ya de salida una clara querencia hacia las tablas y los terrenos de toriles, una condición que terminó confirmando durante la faena de muleta. Sin opciones para el lucimiento con el capote, se pasó directamente al tercio de varas, donde el toro recibió un puyazo medido. Borja Jiménez entró al quite por chicuelinas.
Sin hacer brindis, Tomás Rufo inició la faena buscando que el animal rompiera por arriba, pero el Murube se mostró siempre a la defensiva. Se fijó en varias tandas, aunque viniendo por dentro por el pitón derecho y saliendo con la cara alta, rehuyendo la pelea. Ya en los medios y con la mano izquierda, el toledano dejó patente que estaba por encima del toro, logrando lo más destacado de su labor al natural, antes de que el animal buscara sin disimulo los adentros.
La faena no terminó de tomar vuelo y, en un momento dado, el toro se fue definitivamente a tablas, donde dijo basta. Rufo lo intentó sin éxito hasta el final. Con el acero no estuvo acertado: tres pinchazos y media estocada pusieron fin a la lidia. Pitos al arrastre y silencio para Tomás Rufo.
Fue todo un trámite desde que Gestor salió de chiqueros hasta que el sevillano tomó la franela, destacando en ese primer tercio el mérito de los hombres de plata, que se emplearon con solvencia. Con un cambiado por la espalda en los medios dio inicio a la faena, buscando desde el primer muletazo la atención del tendido.
A continuación, con la derecha, exigió al toro por abajo a base de muletazos largos y templados, intentando alargar las embestidas. Por el pitón izquierdo aprovechó la buena condición del animal de la ganadería salmantina, un toro noble, con fijeza y recorrido, que permitió a Borja Jiménez dejar pasajes de buen trazo.
El sevillano se ajustó en los muletazos para meter al público madrileño en la faena, logrando momentos de conexión con los tendidos, aunque sin terminar de romper del todo. Se fue a matar en el momento adecuado, en los medios y al encuentro, ejecutando la suerte con decisión pero sin demasiado acierto. Pinchó en dos ocasiones más y, ya pegado a tablas, dejó una estocada baja que puso fin a la lidia. Silencio para ambos.
Saltó a la arena de Valdemorillo el cuarto, el número 150 de Fuente Ymbro, un toro de buena presencia. Tomás Rufo, buen capotero, lo dejó claro desde el saludo, agradecido por un público que no estaba pasando precisamente calor. Borja Jiménez intervino en el quite por tafalleras.
Brindó al respetable y comenzó la faena toreando con la derecha en los medios. El toro tenía gran motor, garantía de la casa, y Rufo supo exprimirlo por ese pitón, llegando a tener a toda la plaza en la mano. Mientras tanto, por el callejón se repartían bollos y cubatas —que no falte el avío—, aunque el frío seguía siendo protagonista.
La faena fue de más a menos, quizá marcada por un inicio tan vibrante que no logró mantener en el tiempo. Se tiró a matar como si se le fuera la vida en ello, dejando una espada algo trasera pero en todo lo alto. Sonó un aviso y el uso del descabello, tan poco habitual hoy en día, se hizo necesario. Rozando el segundo aviso cayó finalmente el animal, que tardó en doblar buscando tablas. Oreja para Rufo y ovación para el toro tras petición de vuelta al ruedo.
Difícil lo tuvieron para enlotar los animales de Fuente Ymbro, y entre ellos, este quinto, el más chico de la corrida, se presentó ofensivo por delante, aunque sin la fuerza del anterior de Rufo. Eficaz resultó la lidia de Juan Carlos Rey, preparando al toro para la muleta. Borja Jiménez brindó de nuevo al público y se puso manos a la obra con temple y decisión.
Ágil y certero en sus embestidas, el animal exigió al sevillano, que lo llevó muy tapado para evitar algún susto. No era el toro más idóneo para el triunfo, pero tenía condiciones y se dejó hacer. Dos tandas bastaron para que el animal se adheriese al piso, y Borja tiró de recursos para sacarle todo lo posible.
En el intento de un ajustadísimo cambiado por la espalda, tan preciso que no le dejó otra opción al toro, Borja fue arrollado y levantado por los aires, aunque sin consecuencias. Más tarde, unos circulares de gran mérito pusieron al público en pie.
En el momento de matar cambió la suerte: dejó un pinchazo y finalmente una estocada entera. El palco negó la fuerte petición de oreja, pero el público premió la labor con una sentida ovación que precedió la vuelta al ruedo del diestro.
Cerró plaza un toro castaño, bastante gordo, que parecía un vendaval al salir por toriles. Tomás Rufo lo recibió con sobriedad y buen temple por verónicas, dejando claro su oficio desde el saludo. En el caballo, el animal recibió un puyazo suficiente para medirlo, aunque se evidenció que no era un toro con demasiadas fuerzas.
Brindó a un caballero en el callejón y se puso manos a la obra con el “garciajiménez”, pero la faena nunca llegó a tomar vuelo. El toro no colaboró, y pronto el público lo hizo notar con pitos, aunque Rufo, firme, se encaró con los tendidos y luego continuó con su labor con profesionalidad.
A la hora de matar no tuvo suerte: pinchó en dos ocasiones y la faena terminó sin gloria. Pitos para el animal y silencio para Tomás Rufo.
Galería: Carlos Fernández Mora










