Por Rodrigo Cosser
Tarde de mucha expectación, con la asistencia de personalidades del mundo taurino y aficionados de diferentes partes del Perú y del extranjero, que acudieron a la encerrona del número.
Enfundado en un traje de blanco y plata, hizo el paseíllo en solitario ante tres hierros: los españoles Núñez del Cuvillo, Domingo Hernández y el nacional de Paiján, con distinto comportamiento y presentación.
Con su primero, un bonito toro de nombre “Cafetín” de 504 kg, salió suelto, y Andrés trató de sujetarlo y estirarse por verónicas, pero el toro siempre se escapaba. Se dio dos volteretas que lo quebrantaron y condicionaron su corta actuación en la faena de muleta. Lo despachó de una estocada entera en buen sitio, aunque el toro demoró en caer. Silencio al toro y silencio al torero.
Sale el segundo, “Currito” de 505 kg de Núñez del Cuvillo. Lo deja crudo, quita por tafalleras y brinda al público, empezando su faena con pases cambiados de rodillas que hicieron rugir a Acho.
El toro es alegre y pronto; Roca Rey lo cita de lejos y deja unas series por ambos pitones que son jaleadas por el respetable. Los derechazos son de trazo largo y mano baja, redondos invertidos, y termina la faena con bernardinas muy ceñidas. Se perfila, deja una buena estocada y dos descabellos. El juez, considerando mayoritaria la petición, le otorga la oreja. Palmas al buen toro del Cuvillo.
El tercero, “Preton” de Paiján, como los anteriores, lo deja crudo en la pica. No brinda, y lo cita de lejos, dándole espacio. Realiza dos series por el derecho, pero el toro hace amago de irse. Cambia de mano y, tras exigirlo otra vez, se retira y el torero va por la espada de matar. Lo pincha y luego deja una entera que resulta suficiente. Palmas.
Cuarto de la tarde, “Madrilito” de Núñez del Cuvillo, bonito de tipo y salida alegre, lo recibe con una larga cambiada y luego una chicuelina. Quiere torear con verónicas, pero el toro sale suelto; como de costumbre, un picotazo y cambian el tercio. Quita por gaoneras y remata con una larga cordobesa. Realiza un emotivo brindis a su primer maestro, Miguel Rubio. El toro embiste rebrincado y echando la cara arriba; Andrés lo exige y logra series de derechazos de buena factura.
Una gran serie de derechazos mandones y largos, seguidos de otra serie que se convierte en la mejor de la tarde por su lentitud y mano baja, haciendo sonar la música. El toro va perdiendo fuerza y le cuesta embestir, pero Roca Rey insiste y logra otra serie con la derecha. El público palmotea al ritmo de la marinera, un feo detalle del público limeño. Gran faena de Roca Rey a un toro noble, aunque con dificultades para embestir. Realiza correctamente la suerte de matar y deja una estocada en todo lo alto; el toro demora en caer y Andrés es premiado con una oreja.
Corrido el quinto, “Halcón” de Núñez del Cuvillo, se desarrolla un bonito tercio de quites: Cubas quita por ceñidas chicuelinas rematadas con una media verónica; Andrés replica con un quite por gaoneras y largas cordobesas. Brinda a su hermano Fernando y empieza la faena de hinojos con derechazos y un cambiado; suena la música, acompañado nuevamente del molestoso palmoteo del público. Torea por derechazos, la faena es de triunfo grande: derechazos de trazo largo, naturales lentos y desmayados. En un solo toro, Andrés nos brinda la tauromaquia que ha interpretado a lo largo de sus diez años como matador. Lo despacha con una metisaca y una entera; el público pide la oreja y el juez la concede.
Inexplicable el cambio en el sexto, “Cuarentitrés”, por el bis de Paiján. Quite por chicuelinas por bajo y tafalleras. Tras el quite, invita al diestro nacional Fernando Villavicencio, quien da caleserías. El toro se duele en banderillas; Andrés le cambia los terrenos con inteligencia y logra cuajar series de derechazos que hacen sonar la música.
El toro hace cada vez más evidente sus pocas ganas de embestir, por lo que lo pasaportean. Finaliza siendo llevado a hombros, fuertemente ovacionado, flameando la bandera peruana en mano.










