Por Pedro Villarejo Sánchez
Una dura confesión en el invierno desató al mejor Morante de la Puebla que estos ojos hayan visto jamás. Jesús Bayort arrancó una entrevista al genio de la Puebla que se cimentó en la sinceridad de un hombre que estaba sufriendo y se estaba quitando un gran peso de encima.
Los mensajes que transmitió fueron como puñaladas directas a la sensibilidad del aficionado que no comprendía como aquel 12 de octubre, en un gesto único a la par que verdadero, Morante se quitaba la coleta para decir “adiós” a su vida.
Con el esperado anuncio de la vuelta a los ruedos llegó su plaza: Sevilla y su corrida estelar: Domingo de Resurrección. Acompañado por Roca Rey, con quien comparte el trono y el peso de la fiesta y el flamante triunfador, a la postre un años más, del ciclo sevillano David de Miranda, apareció en la parte izquierda con un traje confeccionado a medida por Justo Algaba. El delirio de los que estábamos allí presentes había dado su comienzo.
Más allá de los trofeos conquistados y de las Dos Puertas del Príncipe esfumadas, una por la espada y otra por el percance, Morante de la Puebla ha ofrecido una versión superlativa de sí mismo. Cada tarde, el aficionado que llenábamos los escaños de la plaza, nos hacíamos la misma pregunta: ¿Qué hará hoy Morante?
Tras cortar las dos orejas al cuarto toro de la corrida de Garcigrande el Domingo de Resurrección, llegó el día 16 de abril, jueves de pre-feria, con un vestido que estuvo muy cerca de pasar a la historia: rioja y oro.
Con él, cinceló sobre el ruedo una de las faenas más bellas y emotivas de cuantas se hayan podido ver a través de esta mirada. Un hecho que iba a pasar a la historia y que un desafortunado pinchazo lo dejó en el lamento que aún corre hoy por las calles sevillanas. De todos modos, para los que presenciamos aquella hazaña, dieron igual las orejas porque habíamos presenciado en aquel cuarto toro el culmen del toreo; aquello a lo que todos soñamos con ver cada día cuando acudimos a la Maestranza.
Los días se sucedieron hasta que llegó su última comparecencia, en esta primera partedel abono, con la noticia de la confirmación por parte de la empresa de que el diestro cigarrero sería el encargado de encabezar el último cartel de la temporada allá por el mes de septiembre. Así, nos sentamos una vez más en la centenaria piedra de la calle Adriano para presenciar una nueva gesta de Morante con la misma pregunta en el aire: ¿Qué hará hoy Morante?
Y a Morante le ocurrió lo que nadie quería, la cruz de esta profesión, una cornada en el glúteo que hizo perderse un toro que, a la postre, resultó excepcional y al que, muy posiblemente, le hubiera cortado las dos orejas. Sin embargo, la suerte cayo del lado opuesto dejando así su paso por el abono, con tres orejas en el esportón y, sobre todo, la sensación de que lo que estábamos viviendo a diario, era más de lo que Garzón podría haber imaginado cuando confeccionó los carteles.
A pesar de los esfuerzos, el justo colofón a una temporada brillante llegó el día en el que nunca se tenían que haber marchado los toros de la ciudad; la festividad del Corpus.
Junto a Juan Ortega y Pablo Aguado, la empresa y el propio torero decidieron recuperar una fecha clave a la que sumaron muchas actividades que devolvieron la ilusión a la ciudad y el gentío a sus calles.
Con una calle engalanada de romero y varios altares dispuestos a lo largo de la misma, la afición volvió a responder para, esta vez sí, ver cumplidos sus anhelos y ver izado en hombros a Morante hasta el Hotel Colón. Las calles del Arenal se paralizaron para presenciar “la procesión de Morante” y, como si de un suspiro se tratase, llegaron las vacaciones de festejos mayores en Sevilla.
Este breve descanso que nos otorga el mes de agosto y que continúa hasta el final del verano, nos concede un tiempo de reflexión y de asimilación de todo lo vivido hasta ahora con una feria que se otea en el horizonte: San Miguel.
Cuando las puertas se abran, habrá llegado el otoño, volverán las figuras y volverá él para cerrar las corridas de toros a expensas del festival del día 4 de octubre. Solo entonces, nos volverá a invadir nuestra mente una pregunta a la que no podremos darle solución: ¿Qué hará hoy Morante?
Mientras tanto, nos queda paladear todos y cada uno de los regalos que nos está dejando uno de los toreros más importantes de la historia de la tauromaquia y esperar pacientes al 27 de septiembre para descubrir lo que hará este genio.
Hasta entonces… solo queda la espera.










