La corrida de Miura volvió a Sevilla con ese carácter casi ritual que la convierte en una cita marcada en rojo, un termómetro donde se mide tanto la evolución del toro como la capacidad del torero para adaptarse a ella. Lejos de anclarse en el pasado, la divisa de Zahariche ofreció un encierro con matices: nobleza en varios ejemplares, emoción en todos y un punto de exigencia que recordó que, pese a los cambios, Miura sigue siendo territorio de respeto.
El nombre propio de la tarde fue ‘Lamparillo’, un toro de embestida completa, con embroque, ritmo y clase, que permitió a Román construir una faena de gran calado. El valenciano apostó por el sitio, el aplomo y un toreo templado, llevando siempre cosida la embestida a los vuelos de la muleta. Hubo ligazón, profundidad y una clara lectura de las distancias, primero en largo y después acortando con inteligencia. La obra apuntaba a triunfo grande, pero el fallo con el acero diluyó todo en una ovación que supo a poco.
También Román tuvo que cambiar el registro en el sexto, un toro más serio y exigente, donde el juego de los pies y la firmeza marcaron una faena de tensión. Esta vez acertó con la espada, cerrando su paso por Sevilla con una actuación de peso, aunque sin el premio proporcional a su dimensión.
Manuel Escribano firmó una tarde de autoridad y oficio. Desde la portagayola hasta el último muletazo, su actuación tuvo coherencia y mando. En el primero, un toro alto y de embestida a media altura, supo encontrar el pulso a base de tiempos y colocación, destacando especialmente al natural. La espada, trasera y baja, le privó de premio.
Sí lo logró en el cuarto, otro toro con intención pero medido de fuerzas, al que Escribano entendió desde la suavidad y el temple, dejando que fuera el animal quien tomara la iniciativa. El sevillano construyó una faena de poso, con especial relevancia en el toreo al natural, rubricada con una gran estocada que le valió una oreja y el reconocimiento de su plaza.
Pepe Moral protagonizó uno de los momentos más angustiosos de la tarde con su portagayola al segundo, un episodio cargado de tensión que no tuvo continuidad por la falta de fuerzas del animal, devuelto tras evidenciar su invalidez. En el sobrero, también de Miura, dejó un buen saludo capotero y apuntó detalles frente a un toro que empujó con bravura en el caballo, pero cuya condición se diluyó en la muleta, en parte condicionado por el viento.
El quinto rompió la tónica de nobleza para mostrar el lado más áspero de la corrida. Muy bravo en varas, llegó a la muleta orientado y exigente, planteando una papeleta compleja que devolvió a la memoria la esencia más encastada de la casa. Un toro que recordó que, en Miura, la emoción nunca es gratuita.
En conjunto, una corrida con interés y contenido, en la que la evolución del toro convivió con su esencia. Hubo nobleza, sí, pero también dificultad; hubo opciones de triunfo, pero también la constante exigencia de una divisa que sigue marcando diferencias en el toreo actual.
FICHA DEL FESTEJO
Plaza de toros de Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Decimoquinto festejo de la Feria de Abril 2026. Más de tres cuartos de entrada. Toros de Miura (2º bis), bien presentados, serios, muy largos de viga y de interesante juego. Destacó el tercero, con clase y fondo, que quiso coger la muleta con el pitón de dentro. Noble, aunque sin poder, el cuarto. A menos el segundo, que se entregó de salida y en el caballo. A media altura, el primero. Bravo en varas y muy orientado en la muleta, el quinto. Complicado el sexto.
• MANUEL ESCRIBANO, ovación y oreja.
• PEPE MORAL, silencio y silencio.
• ROMÁN, ovación y ovación.










