El torero cordobés «Lagartijo» atraviesa una de las encrucijadas más duras de su trayectoria. Después de firmar triunfos de peso en la plaza de toros de Córdoba —con varias salidas a hombros—, el diestro ha elevado su protesta: una huelga de hambre.
Lo que comenzó como una reivindicación en el ruedo ha derivado en un pulso directo con la empresa. En esta entrevista, «Lagartijo» rompe su silencio, denuncia el trato recibido y reivindica su derecho a volver a torear en la plaza donde nació como torero.
¿Qué significa Córdoba y la Plaza de Los Califas para usted, tanto en lo personal como en lo profesional?
La plaza de toros de Córdoba es donde nací como torero, donde la gente me vio dar mis primeros pasos. En lo sentimental, es algo muy profundo, porque allí empezó todo. Y en lo profesional, viniendo de la familia de la que vengo, también tiene un peso importante. Desde mis inicios como novillero sin caballos, ya se me exigía como si fuera un torero hecho.
He firmado actuaciones muy destacadas en esa plaza, y eso también marca. Un triunfo en Córdoba tiene —o tenía— un valor determinante a la hora de revalorizarse en el escalafón.
Tras esos triunfos, ¿cree que se le debe un sitio en Córdoba o que cada temporada hay que volver a ganárselo desde cero?
En el toreo, cada temporada hay que ganárselo todo desde el principio, eso es indiscutible. Pero también es cierto que los triunfos deberían tener un peso, especialmente en una plaza de tanto prestigio como Córdoba.
¿Qué le llevó a considerar que una huelga de hambre era la única vía para hacerse oír?
Todo parte de la última conversación que mantuve con José María Garzón, empresario de la plaza. Me llegó a decir que los festejos que había toreado en Perú no tenían ningún valor, que lo único que contaba era lo de España.
Durante esa conversación también me dijo que yo tenía una única verdad y que fuera a preguntarle a mi tierra por qué no me quieren, y que las figuras del toreo querían torear conmigo.
A partir de ahí decidí hacer precisamente eso: preguntar. Siempre desde el respeto y la educación, aunque a algunos les pueda parecer más o menos acertado.
Una huelga de hambre es una medida extrema. ¿Teme que se interprete como una forma de presionar para entrar en los carteles?
Lo verdaderamente extremo fue escuchar que mi propia gente no me quiere. Yo primero lo reclamé en la plaza, toreando, que es como se deben hacer las cosas.
Después, ante la falta de respuesta, tomé esa decisión. Y lo hice, en el fondo, siguiendo lo que el propio señor Garzón me dijo: ir a preguntarle a mi tierra.
La tauromaquia atraviesa cambios importantes. ¿Cómo valora la gestión de oportunidades para los nuevos toreros?
La tauromaquia está cambiando, eso es evidente. Otra cosa es que yo no lo vea reflejado en mi tierra o que, directamente, exista algo en contra mía.
En cualquier caso, un torero debe ganarse el sitio en la plaza, y es donde lo he hecho yo. Hay muchos jóvenes que lo están logrando y eso genera una competencia muy bonita.
¿Ha recibido finalmente la llamada de José María Garzón?
No. Él tiene mi teléfono.
La única llamada que recibí fue indirecta a mi padre, coincidiendo con la difusión de las imágenes de mi traslado en ambulancia durante la huelga de hambre.
A mí no me ha llamado. Si no quiere contar conmigo, será su decisión. Quizá la feria este enfocada hacía mi tierra , y eso también me alegra. Al final, estamos en manos de Dios.
¿Qué mensaje quiere trasladar a la afición?
Quiero dar las gracias a todas las personas que me han escrito y se han preocupado por mí durante la huelga.
Ha sido un momento muy duro, y agradezco también a los medios como el vuestro que me han permitido expresar lo que siento.
Muchas gracias maestro, esperemos que llegue esa llamada.
Gracias a vosotros por darme altavoz. Un abrazo










