Madrid vuelve a marcar el paso del inicio de la temporada 2026 con una declaración de intenciones clara: torismo, rigor y plazas llenas de contenido. Plaza 1 ha definido los primeros carteles de Las Ventas con hierros de personalidad y combinaciones pensadas para que nadie pase de puntillas. Y en ese escenario de máxima exigencia, donde todo se gana a pulso, emerge con fuerza una tierra que lleva tiempo escribiendo su propia historia: Guadalajara.
Dos novilleros con sello alcarreño harán el paseíllo en Las Ventas a comienzos de campaña. Jesús Romero y Cid de María representan una forma de entender el toreo que bebe de la verdad, del esfuerzo silencioso y del respeto al aficionado. No llegan a Madrid por azar ni por empujes ajenos; lo hacen avalados por méritos, por tardes contadas y por un concepto que encaja en la sensibilidad del tendido venteño.
Jesús Romero se presentará en Madrid el domingo 12 de abril, dentro de una novillada con picadores de Hermanos Sánchez Herrero. Llega en un momento clave de su trayectoria, con el crédito ganado en plazas donde el triunfo tiene peso específico. Sus recientes premios en Arganda del Rey y Calasparra —dos citas donde el listón siempre está alto— y, especialmente, su condición de triunfador de La Solana, hablan de un novillero hecho, curtido y con capacidad para sostener la presión. No es una promesa etérea: es una realidad que pide sitio.
Una semana más tarde, el 19 de abril, será Cid de María quien se mida al examen de Madrid en la novillada de Antonio Palla. Otro torero con personalidad, con un concepto serio y una actitud que no rehúye el compromiso. Su inclusión en estos carteles iniciales confirma que Guadalajara está aportando nombres con fondo, con recorrido y con una manera de estar en la plaza que conecta con el aficionado que busca autenticidad.
Detrás de estos nombres hay un trabajo profundo y una forma de entender la formación taurina que va más allá de la técnica. La Escuela Taurina de Guadalajara se ha convertido en un auténtico taller de toreros, donde se pule el estilo, se forja el carácter y se enseña a mirar al toro de frente. De allí han salido novilleros y matadores que hoy ocupan un lugar relevante en el escalafón, como Víctor Hernández, torero ya contrastado, de los que Madrid respeta y el público reconoce por su entrega y su verdad.
Guadalajara ha sabido crear un ecosistema taurino donde el toreo se entiende como expresión artística y como compromiso ético con el toro. Y eso, en tiempos de urgencias y artificios, tiene un valor incalculable.
Que Madrid vuelva a fijarse en esta tierra al inicio de la temporada no es casualidad. Es el reconocimiento a una forma de hacer las cosas con calma, con criterio y con sensibilidad. Guadalajara no alza la voz, pero deja huella. Y cuando Las Ventas abre sus puertas, solo lo hace para quienes están preparados para escribir su nombre con verdad en la arena.
POR FRANCISCO LARRAD










