Volver a vestirse de luces después de un tiempo tiene algo de reencuentro con uno mismo. ¿Qué significa realmente para Javier Solís regresar a una plaza como matador y qué ha cambiado en usted durante este tiempo de ausencia?
Dar el paso a volver a torear una corrida, con la idea de poder torear solamente, ha cambiado mucho. Ha cambiado todo: la forma de ver los entrenamientos, la forma de afrontar la tarde…
No vengo con ningún objetivo de arreglar nada ni de querer continuar con nada, sino simplemente con el reto de prepararme y tener la posibilidad de poder torear.
También hay una parte familiar. Mi hijo, mi pareja y mis sobrinos no me han visto torear. Que ellos puedan verme también hace que se afronte un poco todo esto.
Su reaparición será en Fregenal de la Sierra, el próximo 10 de octubre, y además junto a dos toreros de enorme personalidad como Miguel Ángel Perera y Emilio de Justo. ¿Qué supone volver precisamente con este cartel y qué le gustaría demostrar esa tarde?
Fíjate, un cartel de figuras del toreo, toreros extremeños que hemos seguido mucho y muy de la mano.
Con Perera empezamos de novilleros. Él tomó la alternativa en Jerez, tuvimos una amistad muy bonita y es figura del toreo. ¿Qué te voy a contar?
Y luego lo de Emilio. Es un torero que siempre pongo como escaparate porque ha tenido una lucha de estar parado, de que nadie quería saber nada, a ponerse en figura del toreo. Eso es por mérito propio y porque tiene una ambición y una superación diaria.
¿Qué va a suponer? Pues me siento un privilegiado de poder, después de 13 años, ponerme un vestido de torear y que sea en un cartel de esa categoría. Eso no está al alcance de cualquiera y yo me siento orgullosísimo y feliz.

Enfrentarse a una corrida de Murteira Grave no parece una elección menor para una vuelta a los ruedos. ¿Qué representa para usted anunciarse con esta ganadería y qué espera encontrar en esos toros portugueses?
El tema de la corrida de Murteira tiene para mí un aliciente bonito.
He toreado novillos de Murteira, pero el primer tentadero al que fuimos fue en autoestop. Hablo de la época del año 95 o así. Recuerdo que Moreno de Terry y yo nos fuimos en autoestop a Badajoz y fue el primer tentadero que nos presentamos solos en una tapia. Fue en casa de Murteira Grave, de don Joaquín, ganadero que ya falleció y que ahora lleva su hijo.
Hemos ido a muchísimos tentaderos a las tapias y ha sido una ganadería muy de la casa. He estado yendo muchísimos años a tentar y siempre me han tratado con un cariño especial.
Entonces, para mí, torear esa corrida de toros de Murteira es algo también bonito porque me lleva a esos inicios y a esos recuerdos que han pasado, fíjate, pues 30 años. Parece que fue ayer.
Hay toreros que, después de un parón, regresan buscando recuperar lo que fueron; otros vuelven convencidos de que tienen que empezar una etapa completamente nueva. ¿En cuál de esos dos momentos siente que está Javier Solís?
Después de tantos años de estar parado, porque al final son 13 años, he toreado en el campo alguna vez alguna becerra, pero no cogía ni los trastos ni siquiera para entrenar. No me apetecía entrenar.
Es verdad que en el campo me iba encontrando bien, toreaba sin presión y me iba encontrando bien. Pero ¿qué vengo a buscar? Nada. Es algo más interior, es algo más de darle a la vida un poco de pasión y de esfuerzo.
Para mí, interiormente, es sentirme vivo. Necesito torear para sentirme vivo, siendo consciente de todo lo que hay: del riesgo que se corre, de todo lo que se asume…
Ahora mismo estoy ilusionado. Tengo momentos muy duros en los que pienso: «¿Para qué? ¿Para qué? No tengo necesidad ninguna». Pero luego son cosas que se tienen. Los toreros creo que tenemos algo especial de sentimiento hacia torear, hacia el esfuerzo y el sacrificio.
Son valores que, si Dios quiere y sale todo bien, me van a llenar mucho como persona y me van a dar un subidón tremendo.

El toreo también es una cuestión de cabeza. Cuando uno está fuera de los carteles, ¿se disfruta más el toreo cuando vuelve a tener una fecha marcada en rojo en el calendario o pesa más la responsabilidad de saber que cada oportunidad cuenta?
El toreo tiene muchísimo de cabeza. Muchísimo.
Hay toreros que a lo mejor tienen unas condiciones naturales que no necesitan mucho trabajo mental, pero los toreros que tenemos que saber nuestras condiciones… A mí, por ejemplo, estar mentalmente fuerte y físicamente preparado me ayuda muchísimo.
Cuando ya te ves anunciado…
Ya hubo en 2024, cuando se iban a hacer 20 años de alternativa. Estuvo todo montado, pero al final, un mes antes de cerrar todo para salir el cartel, se estropeó.
Entonces este año parecía que todo iba bien, pero yo estaba todavía un poco esperando que todo saliera. Y ya viendo el cartel en la calle, viendo todo… Imagínate. La cabeza es esencial.
Yo ahora mismo tengo mi trabajo, tengo mi empresa y mis cosas, pero no… 24 horas, vamos, te lo digo.
Es una responsabilidad interior, personal, y espero que todo salga bien.
Ha elegido regresar cuando, probablemente, podría haber esperado una fecha o un cartel más cómodo. ¿Qué hay detrás de esa decisión?
Yo tenía algo muy claro. Me habían ofrecido torear algún festival, pero tenía claro que si volvía a la plaza tenía que ser algo muy especial.
Y fíjate: estar acompañado ahí con dos figurones del toreo, una plaza como Fregenal de la Sierra, donde no he toreado de matador de toros —toreé sin caballos, una novillada sin caballos, hace más allá del año 97, creo que fue—, y poder torear esa corrida de toros tan especial, con ese marco tan maravilloso y con todo muy de cara…
Te digo que me he sentido un privilegiado del trato que he recibido desde que empecé a arrancar esto.
Es algo que he soñado y que tenía claro que, si tomaba la decisión de torear algún día una corrida, tendría que intentar que fuese de esa categoría.

Después de todo lo vivido y aprendido durante este tiempo, ¿qué torero se va a encontrar el aficionado cuando vea salir a Javier Solís el 10 de octubre: el mismo de antes o un torero diferente?
El mismo, porque al final uno tiene su forma de interpretar el toreo, de sentirlo, de intentar transmitirlo.
Sí es verdad que me estoy encontrando, en el campo y toreando de salón, como un concepto un poco más asentado en todo, un dominio, una suavidad más en los trastos.
Ahora mismo es lo que estoy trabajando: intentar torear despacio y enganchar los toros muy adelante, suaves, llegarle mucho al hocico a los toros, muletazos…
Y luego seguir con la tauromaquia que yo siempre he intentado hacer: un toreo muy largo, si se puede muy por abajo, e intentar transmitir esa ilusión que tengo.
Luego, ya sabes cómo es esto: uno dispone, pero luego sale el toro y aquello es otra cosa.
La ilusión que tengo es llegar maduro, llegar asentado. Sé que no es fácil después de tantos años sin ponerte un vestido de torear, pero esa es la intención. Por eso estoy todos los días trabajando mucho, trabajando la mente y haciendo campo.
Ahora ya es una fecha en la que no hay muchas vacas en el campo para tentar, pero tengo amigos ganaderos que me están atendiendo mucho.
Y si pudiera pedirle algo a esa tarde de Fregenal, más allá de cortar orejas o salir por la puerta grande, ¿qué tendría que suceder para que cuando regresara a casa pensara: «ha merecido la pena volver»?
La idea de todo es que, cuando acabe el festejo, pueda sentirme orgulloso de lo que he hecho, estar tranquilo de que he dado un paso y no he defraudado. No me he defraudado sobre todo a mí.
Llevo mucha lucha detrás de todo. He tenido que perder mucho peso porque, para poderte poner un vestido de torear, yo tenía claro que no podía salir a la plaza y que se me viese por ahí redondo.
Eso lo tengo conseguido gracias a Dios, gracias al esfuerzo de todo, del entrenamiento, de la comida. Me he sacrificado en muchísimas cosas y estoy llegando perfecto. Me estoy poniendo trajes cortos que me ponía de novillero, de hace 20 años.
Luego, una vez que termine la corrida, sentirme orgulloso de que se haya disfrutado, que gracias a Dios no pase nada y que triunfemos los tres toreros.
Porque antes, cuando estaba en activo, quería triunfar más que nadie y cortar más orejas que nadie. Ahora prefiero, en esta corrida, soñar con que los tres toreros tengamos una tarde bonita, una tarde que la disfrutemos mucho, que el pueblo de Fregenal disfrute con los tres toreros.
Y que todo lo que la gente que está detrás, desde el Ayuntamiento, su alcaldesa Tina, que siempre me ha querido dar un cariño tremendo y gracias a su apoyo estoy ahí, y mi amigo Berna Píriz, que ha luchado también mucho por esto, para que salga, no se vea defraudado.
Sobre todo, no defraudar a nadie. Es lo único que pido.
Que aquello sea una tarde bonita, de espectáculo, que la gente se lo pase bien, que la gente disfrute.
Sé que va a ser una tarde, por lo menos para mí, emotiva, porque yo soy muy pasional y lloro rápido. Me imagino que será una tarde emotiva, bonita y espero que sobre todo la gente lo disfrute y que mi familia, dentro de que tienen que pasar un mal rato con todo lo que les he propuesto para torear esta corrida, por lo menos esa tarde sea bonita y la disfruten y sea algo maravilloso.
Y ya está. No vengo con nada más.
Una vez que termine la corrida, se pondrá el vestido de torero en el armario y no vengo con ideas de nada. Pero bueno, a ver cómo me voy encontrando.
Sería bonito, sobre todo, mantenerte vivo. Decir: «Mira, dentro de dos años me apetece torear algo». Pero para eso hay que ser muy responsable y saber que uno al final se hace torero y tiene que estar delante del toro seguro y dar la sensación a la plaza de que estás haciendo algo importante.
No puedes estar uno por allí dando pena.
A ver si Dios quiere y todo sale para adelante y tenemos una tarde bonita, que toda la gente que está alrededor del espectáculo lo está echando para adelante.









