La localidad portuguesa de Barrancos vivió en la jornada de ayer una tarde marcada por el triunfo y la emoción, con el nombre propio de Juan Ángel García Corbacho, quien comparecía en el cartel sustituyendo al matador de toros Emilio Serna. Lejos de acusar la responsabilidad, el novillero firmó una actuación de peso, demostrando madurez y un concepto cada vez más asentado a escasos días de tomar la alternativa.
García Corbacho se encontró con un novillo de gran calidad, noble y con transmisión, que permitió el lucimiento desde los primeros compases. El extremeño supo entenderlo a la perfección, hilvanando tandas de muletazos profundos, templados y de notable estética, conectando rápidamente con los tendidos.
La faena fue creciendo en intensidad y poso, dejando pasajes de gran pureza que evidencian el buen momento que atraviesa el novillero. Tras una labor compacta y bien rematada, el reconocimiento del público fue unánime, siendo sacado a hombros como premio a su entrega y capacidad.
Tal fue la calidad del astado que, en un gesto poco habitual, García Corbacho compartió una vuelta al ruedo junto al mayoral de la ganadería, reconociendo así la bravura y clase del novillo que propició una de esas tardes que quedan en la memoria de los aficionados.











