Ayer acabó el día con una triste noticia para el mundo taurino de Guadalajara. Ha fallecido Santiago Ibarra Guillén, conocido cariñosamente como “El Yiyo”. La noticia, recibida con pesar, ha dejado un poso de silencio y recuerdo entre quienes compartieron con él tantas tardes de toros.
Tras una larga enfermedad, Santiago fallecía en Murcia a los 58 años. Natural de Yunquera de Henares, su vida estuvo íntimamente ligada a la tauromaquia, no desde el protagonismo, sino desde esa entrega constante y discreta que solo tienen los aficionados de verdad.
“El Yiyo” fue un apasionado del toro desde muy joven. Primero como seguidor fiel, de los que no entienden la vida sin una plaza, sin el rumor del público, sin la emoción de la lidia. Con el tiempo, su afición le llevó a desempeñar el papel de “capitalista”, ese término del argot taurino que define a quienes sacan a hombros a los toreros triunfadores, a aquellos que han alcanzado la gloria tras una gran faena.
En ese gesto, repetido en tantas plazas de España y Francia, Santiago encontró una forma de vivir la fiesta desde dentro. No como espectador, sino como parte de ese instante final en el que el triunfo se convierte en memoria colectiva.
Durante años fue “capitalista”, entre otros, del maestro Iván Fandiño, compartiendo con él numerosas tardes hasta la trágica muerte del torero en Francia. Un vínculo que reflejaba no solo admiración, sino también una forma común de entender la tauromaquia.
Pero más allá de nombres y plazas, Santiago era presencia. Estuvo en muchas tardes, en muchos festejos, unas veces como aficionado, otras como protagonista de ese último recorrido triunfal. Siempre cercano, siempre fiel a una pasión que nunca abandonó.
Con su marcha, el mundo del toro pierde a uno de los suyos. No solo a un gran aficionado, sino a alguien que, a su manera, contribuyó a mantener viva la esencia de la fiesta. Porque son personas como “El Yiyo” las que, sin buscar reconocimiento, sostienen la tradición y la hacen perdurar.
Hoy queda su recuerdo, ligado para siempre a la emoción de una plaza y al eco de las salidas a hombros que tantas veces acompañó. Descanse en paz.









