Por Rodrigo Cosser
Con un bonito marco de plaza llena y una tarde soleada, hacían el paseíllo de rosa y oro Sebastián Castella; de verde olivo y oro con cabos negros, Alejandro Talavante; y de burdeos y oro, David de Miranda.
Decepcionaron los toros españoles de Núñez del Cuvillo y Hernández por su escaso juego y justo trapío.
Sebastián Castella. En su primero quedó patente la voluntad y las ganas de la figura francesa. Recibió el cariño del público limeño; lo intentó por ambos lados, sin lograr cuajar series de importancia debido a la embestida incierta del Cuvillo. Pitos al toro en el arrastre. En su segundo bis, un hermoso toro de la ganadería Paiján, se pudo ver la tauromaquia de Sebastián Castella con una buena serie de verónicas. Con la muleta comenzó con pases cambiados —marca de la casa— que encendieron al respetable. Logró templar la embestida del noble paijanero, rematando series por ambos pitones y doblándose con él. Mató de una “media lagartijera” de efecto rápido, y cayeron las dos orejas con un Acho entregado al torero galo.
Alejandro Talavante. No tuvo suerte en su lote, pero queda en la retina su capacidad de improvisación tan característica. Su cartel permanece intacto en Acho.
David de Miranda. Causaba expectativa ver al torero de Trigueros, y no defraudó. En su primero se estiró a la verónica, y con la muleta logró templar la brusca embestida de su oponente con series de derechazos y naturales de buena factura. Lo que pudo ser una faena de premio quedó en nada por el mal uso del acero. En su segundo se vio a un De Miranda voluntarioso, que lo intentó por ambos pitones, pero al igual que en su primero, mató mal.










