Por Javier Antón
Han transcurrido cuatro meses desde que Morante de la Puebla cruzó por primera vez la Puerta Grande de Las Ventas, un hito que parecía inalcanzable en su carrera y que, sin embargo, llegó como una sinfonía de arte y emoción. Aquel 8 de junio, en la Corrida de la Beneficencia, el torero sevillano ofreció una lección magistral de toreo, dejando una huella imborrable en la memoria colectiva de la afición.
La tarde comenzó con una faena llena de temple y belleza, donde Morante desplegó su maestría con verónicas, derechazos y naturales que hicieron detener el tiempo en la plaza. A pesar de que la estocada fue desprendida, el clamor del público fue unánime: la Puerta Grande debía abrirse para él. Su segundo toro, un animal escaso de trapío, fue el lienzo sobre el que Morante pintó una obra de arte, con naturales lentos y profundos que emocionaron a los presentes. Aunque la estocada fue baja, el público exigió con justicia el trofeo que le permitió salir a hombros por primera vez en Madrid.
Desde entonces, Morante ha continuado su temporada con el mismo fervor y entrega que le caracterizan. Ha conquistado plazas como Salamanca, Móstoles, Ávila, Aranjuez y Pamplona, dejando una estela de triunfos que consolidan su estatus como uno de los grandes maestros del toreo contemporáneo. Su arte ha sido reconocido con los máximos trofeos en Jerez y Salamanca, y su nombre resuena con fuerza en cada rincón del país.
Sin embargo, la gloria no ha estado exenta de sacrificio. El pasado 10 de agosto, Morante sufrió una grave cornada en Pontevedra, que le obligó a ser intervenido quirúrgicamente y pausar su temporada dejando a un lado algunos de sus compromisos.
El próximo 12 de octubre, Día de la Hispanidad, se le espera para protagonizar un histórico doblete en Las Ventas: por la mañana participará en un festival pro monumento Antoñete compartiendo cartel con grandes figuras y lidiando novillos de diversas ganaderías, y por la tarde volverá a vestirse de luces para la tradicional corrida de la Hispanidad , compartiendo cartel con Fernando Robleño, que se despedirá de los ruedos, y Sergio Rodríguez, con toros de la ganadería de Garcigrande, cerrando así una temporada inolvidable que consolida su estatus como uno de los grandes maestros del toreo contemporáneo.










