El Gobierno de Aragón ha hecho públicos los ganadores de la segunda edición de los premios taurinos ‘Nicanor Villalta’, una iniciativa que pretende premiar “la mejor faena” en las tres capitales de provincia aragonesas. Hasta aquí, todo suena equilibrado, justo y digno. Sin embargo, tras leer los nombres de los premiados, uno no puede evitar preguntarse: ¿y Teruel?
La omisión no ha pasado desapercibida para quienes seguimos el pulso taurino. Sí, se han concedido premios en Zaragoza y Huesca, e incluso se han otorgado dos accésits. Pero en Teruel, donde dos toreros —Fernando Adrián y Jesús Enrique Colombo— cortaron dos y tres orejas respectivamente, el galardón ha quedado desierto. ¿Por qué? ¿No hubo faena suficiente? ¿No cumplía con el «nivel artístico» exigido por el jurado? ¿O simplemente no había nadie en el callejón que tomara nota?
La convocatoria, según el Decreto 95/2024 aprobado en junio, establece que se premiará la mejor faena en cada capital de provincia. No se menciona en ningún momento que el premio pueda quedar desierto por falta de “calidad artística”, una cláusula que, en caso de existir, debería ser pública, justificada y conocida de antemano. Porque si se premian faenas, y en Teruel las hubo, ¿dónde está el reconocimiento?
No es nuevo ni sorprendente que en el mundo del toreo el verdadero peso no siempre lo tenga la espada, sino la agenda de contactos. Se premia, sí, pero muchas veces no al que más emociona, sino al que más se deja ver en los círculos adecuados. Se valora el arte, por supuesto, pero también —y con frecuencia— se recompensa la afinidad. Y esta edición del Villalta parece haber caído también en esa vieja trampa.
Se da la paradoja de que este premio honra la memoria de Nicanor Villalta, nacido en Cretas, Teruel, y sin embargo, en su tierra no hay ni premio ni justificación para su ausencia. Que la provincia que da nombre al galardón sea ignorada es más que una omisión: es un síntoma.
La tauromaquia atraviesa tiempos difíciles, lo sabemos. Por eso, iniciativas como estos galardones pueden y deben convertirse en herramientas de promoción cultural, de defensa del patrimonio y de estímulo para los profesionales. Pero eso exige rigor, transparencia y, sobre todo, coherencia. ¿Qué mensaje se lanza cuando, pese a haber triunfadores claros, una plaza queda fuera sin explicación?

No hablamos solo de toros. Hablamos también de una provincia que históricamente ha tenido que luchar por hacerse visible dentro de su propia comunidad. “Teruel existe” no es solo un lema político; es una exigencia de justicia territorial que, por desgracia, también se cuela en los ruedos.
Según lo publicado, el jurado lo forman la consejera de Presidencia, Interior y Cultura, el director general de Interior, miembros de la Asociación de Informadores Taurinos de Aragón, representantes de peñas taurinas y un descendiente del propio Villalta. Un grupo plural, sí, pero no por ello exento de sesgos. ¿Cuál ha sido su criterio? ¿Se ha valorado más la entrega del torero, la respuesta del público, la categoría del toro, o simplemente el eco mediático de la tarde? No lo sabemos. Y ese es el problema.
La entrega de los premios se acompaña de un busto de madera de tilo, tallado por Carlos Sota Gaspar y David Ballestar. Una pieza bella, sin duda. Pero su valor simbólico se desdibuja cuando, por criterios no explicitados, no se entrega a quien lo ha ganado con sangre, sudor y valor en el ruedo.
Los premios ‘Nicanor Villalta’ podrían ser un referente del reconocimiento taurino en Aragón, un escaparate de lo mejor de cada temporada. Pero para eso, la faena también debe estar bien rematada desde el jurado. No basta con una buena intención institucional ni con fotos en la entrega de trofeos. Hay que ser justos. Y ser justos implica valorar a todos por igual, independientemente del nombre de la plaza, del número de abonados o del eco social que tenga su feria.
En esta edición, la sombra de la duda es más grande que la luz de los premiados. Y mientras no se dé una explicación clara sobre lo ocurrido en Teruel, esa sombra seguirá proyectándose en la arena.









