Calanda se volcó con la celebración del 50 aniversario de su peña taurina en un festival benéfico que conjugó emoción, entrega y buen toreo. El festejo, además de su carácter solidario, dejó una tarde de contenido gracias al juego de un encierro noble y con recorrido, que permitió el desarrollo de faenas de interés.
Abrió plaza el joven Puig Simón, que mostró personalidad y gusto ante una becerra de gran calidad, firmando una actuación templada y ligada que fue premiada con una vuelta al ruedo.
Ricardo Agüín cuajó una faena medida y emotiva en el que suponía uno de los últimos capítulos de su carrera, logrando cortar dos orejas tras una labor bien estructurada y de oficio.
El turno de Curro Díaz dejó patente su poso y experiencia, construyendo una faena basada en el temple ante un novillo de limitadas fuerzas, al que supo entender para obtener también un doble trofeo.
Por su parte, Diego Urdiales firmó una de las obras más profundas de la tarde, especialmente al natural, en una faena de gran pureza que caló en los tendidos y fue premiada con dos orejas.
Jorge Isiegas conectó con el público gracias a su variedad capotera y entrega, protagonizando una actuación completa que, pese al uso del descabello, fue reconocida con dos orejas tras aviso.
Cerró el festejo el novillero Diego Tebas, que dejó detalles de buen gusto ante un eral exigente, destacando al natural y dando una vuelta al ruedo.
Más allá de los trofeos, el festival dejó como nota destacada el excelente comportamiento del encierro, que embistió con nobleza y permitió elevar el nivel general de una cita que Calanda recordará como una celebración a la altura de su historia.









