Tarde de aristas en la Maestranza, de emociones contenidas y estallidos de indignación, en la que Borja Jiménez firmó lo más puro y profundo de una corrida de Victorino Martín marcada por la irregularidad y la protesta constante de los tendidos.
El sexto, “Hebreo”, cerró plaza sin romper del todo pese a su buen son. Toro estrecho, justo de presencia, pero con clase en la embestida. Borja entendió pronto que todo pasaba por el ritmo y el trazo. Hubo muletazos de gran calidad, especialmente al natural, donde el sevillano logró templar y dibujar el viaje con largura. Pero el toro, exigido en exceso en algunos pasajes, perdió las manos y la faena se diluyó. El acero, de nuevo, fue verdugo: media estocada y silencio.
La obra grande de la tarde llegó en el cuarto, “Bolsilillo”, un toro serio y con transmisión, que encontró en el pitón izquierdo su mejor virtud. Borja Jiménez lo vio claro desde el inicio: había que torear despacio, con la muleta arrastrada y mandando en el embroque. La faena fue creciendo con naturalidad hasta alcanzar cotas de gran calado en las dos últimas series al natural, de mano baja, ritmo sostenido y profundo poso. Toreo de verdad, del que cala. Pero cuando el triunfo asomaba con fuerza, el acero volvió a cruzarse en el camino. Dos pinchazos y descabello dejaron todo en una vuelta al ruedo de peso.
Antes, el segundo, “Midanito”, había sido un toro bravo y exigente, de los que obligan a pensar cada muletazo. Borja planteó una lidia inteligente, entendiendo los tiempos y aprovechando la mayor entrega al natural. Faena de mucha cabeza, de análisis constante, que tuvo mérito y contenido. La estocada, efectiva, no bastó para que la presidencia atendiera la fuerte petición de oreja. Quedó en una ovación rotunda y una vuelta al ruedo con sabor a premio no concedido.
Muy distinto fue el quinto, “Mirandés”, que encendió la mecha del enfado en la plaza desde su salida. Mal presentado y sin opciones en la muleta, desarrolló genio sin clase, desluciendo por completo la labor de Manuel Escribano, que además tuvo que lidiar con un ambiente hostil. La estocada caída fue el epílogo de una faena imposible, rubricada con una sonora bronca.
Escribano había dejado antes momentos de entrega, especialmente en el tercero, “Dirimente”, al que recibió a portagayola en una acción de máximo compromiso. El toro tuvo calidad en los primeros compases, pero la faena fue perdiendo fuelle conforme avanzaba, sin terminar de romper. Silencio tras la estocada.
En el primero, “Placentino”, también dejó patente su oficio en una lidia técnica ante un toro de corto recorrido y querencia acusada. Hubo pasajes de mérito, sobre todo al natural, pero la falta de continuidad y la espada defectuosa enfriaron el conjunto.
En definitiva, una tarde de contrastes en Sevilla: bronca por la presentación, interés desigual en los toros y un nombre propio por encima de todo. Borja Jiménez, que toreó con verdad y profundidad, se quedó a las puertas de un triunfo grande que el acero le negó.
FICHA DEL FESTEJO
Real Maestranza de Caballería de Sevilla – Séptima de la Feria de Abril 2026. Mano a mano. Toros de Victorino Martín, desiguales de presentación, con varios toros muy justos y otros impropios como el quinto, que levantó una protesta poco recordad en los tendidos. De interesante juego en líneas generales, destacando los lidiados en primero, segundo, tercero y cuarto lugar. El sexto, con calidad aunque justo de poder.
• MANUEL ESCRIBANO, ovación tras aviso, silencio tras aviso y silencio
• BORJA JIMÉNEZ, vuelta al ruedo tras fuerte petición de oreja tras aviso, vuelta al ruedo y silencio
Incidencias: Al finalizar el paseíllo, el público obligó a Manuel Escribano y Borja Jiménez a salir al tercio a saludar una calurosa ovación. Iván García se desmonteró tras parear al sexto.









