Por Javier Antón
La temporada taurina de 2025 ha confirmado a Borja Jiménez como una de las grandes figuras del momento. El torero de Espartinas ha completado un año de enorme regularidad y madurez, consolidando todo lo que ya apuntó en 2024 y dejando claro que su sitio está entre los primeros del escalafón.
En Sevilla, abrió la temporada con dos orejas ante una corrida de Jandilla, reafirmando su condición de torero de clase y serenidad. En Madrid, firmó una de las faenas más recordadas del año frente a un toro de Victorino Martín, en una actuación seria y rotunda que terminó de ganarse el respeto del público de Las Ventas. En Bilbao, volvió a destacar con su toreo templado y firme, y en Pamplona alcanzó su corrida número cien en Europa, un hito que refleja su constancia y crecimiento profesional.
Más allá de los números, lo que define su temporada es la madurez con la que ha afrontado cada compromiso. Ha demostrado que no vive del momento, sino de una trayectoria sostenida por trabajo, sacrificio y una clara evolución artística. Su estilo, sobrio y profundo, se aleja de la búsqueda fácil del triunfo y apuesta por el toreo de verdad, aquel que emociona sin necesidad de gestos grandilocuentes.
Borja Jiménez cierra así un año redondo, en el que ha pasado de ser una promesa sólida a una realidad indiscutible. Si mantiene este nivel, 2025 no será sólo la temporada de su consagración, sino el punto de partida de una etapa larga entre las figuras del toreo.









